martes, 21 de junio de 2016
Dylan Thomas Y la muerte no tendrá señorío
miércoles, 20 de abril de 2011
El Laboratorio Cap. 1

Casi sonaban las campanadas de la medianoche. El viento desafiante soplaba con una fuerza inusitada mientras la nieve caía de forma desmedida y violenta golpeando furiosa los desamparados tejados de las casas. La terrible tormenta que había comenzado tan sólo unas horas antes, culminaba ahora en un inviolable estado de febril paroxismo. La ciudad yacía indefensa como un anélido, lento y frágil, bajo la bota despiadada de un gigante. Bastaba con un rápido gesto para que en Malamuerte brotara la fría y caótica semilla de la catástrofe. Entonces todas las luces se apagaron repentinamente y una inexplicable y profunda oscuridad se adueñó de la ciudad.
jueves, 3 de marzo de 2011
El Laboratorio Cap. 2

- Anoche hubo un fuerte apagón en la ciudad. Dijo con un tono misterioso y pausado la profesora mientras comenzaba a caminar de un lado a otro mirando de soslayo de vez en cuando.

- ¡Trunt, Loco, Wolf y Diábolo! Exclamó con fuerza la profesora.
jueves, 3 de febrero de 2011
El laboratorio Cap.3
El timbre de salida sonó al fin y los jóvenes ansiosos por salir abandonaron las clases rápidamente invadiendo los hasta entonces tranquilos y solitarios pasillos. Dora recogió sus cosas con sumo orden y cuidado y se dirigió a la salida, cuando de pronto escuchó una alarmante voz que la llamaba. La joven se dio la vuelta rápidamente y observó que su amiga Cris la estaba llamando desde el otro extremo de la clase. Dora se detuvo a esperarla mientras colocaba una silla que alguien había dejado en medio del pasillo. Cris se acercó lentamente como esperando a que la clase se quedase vacía y una vez se quedaron solas se dirigió a ella diciendo:
- No pudieron escaparse así por las buenas. No es propio de ellos.
- Lo se. Respondió Dora algo molesta.
- ¡Sabes lo que creo! Exclamó Cris con un brillo de extraña seguridad en sus ojos.
- ¿Qué? Preguntó Dora sintiéndose algo acosada.
- No lo se. Respondió su amiga algo desconcertada.
Dora se dio la vuelta despacio y aunque su amiga la llamó insistentemente, hizo caso omiso de sus gritos y comenzó a caminar sin rumbo alguno. Toda aquella historia adquiría ahora un tinte si cabe más oscuro; el final se mostraba opaco y el camino se volvía angosto constriñendo aún más los ya rígidos movimientos de nuestra amiga. Las palabras “el viejo laboratorio” retumbaban sobre su cabeza como lo habían hecho poco antes las palabras de su profesora la señora Queen.
El viejo laboratorio era una siniestra construcción situada en la cima de la colina. Las gentes de la ciudad contaban historias terribles sobre jóvenes que eran raptados durante largos apagones nocturnos y llevados posteriormente a ese siniestro lugar del que ya nunca saldrían. Fuese como fuese aquel viejo edificio infundía un profundo respeto y nadie osaba acercarse a él.
Dora pasó toda la tarde encerrada en su habitación pensando en lo sucedido y esperando una llamada de su amigo. Pero el tiempo transcurría implacablemente y todo seguía igual, Diábolo seguía sin aparecer y su ánimo decaía a pasos agigantados. Ninguna noticia llegó esa tarde a su casa y Dora harta de esperar y esperar, harta de verse a si misma indefensa ante la terrible tristeza de la que era víctima, se hizo una heroica proclama. Ella misma averiguaría lo sucedido. La decisión estaba tomada y era irrevocable; durante la noche, cuando todos durmieran, subiría al viejo laboratorio a buscar a su amigo.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
El laboratorio Cap. 4
Era una oscura y fría noche invernal. Las calles desiertas parecían observar vigilantes cada paso de nuestra joven protagonista, que de cuando en cuando, lanzaba escrutadoras miradas a su alrededor haciendo evidente el miedo que sentía. Dora caminaba con paso apurado y nervioso mientras comprobaba el interior de su mochila. Una linterna, cerillas, la navaja multiusos de su padre, algo de comida para sus amigos, botiquín y una cuerda. Había pensado en todo. La joven apuró todavía más el paso y abandonó rápidamente la ciudad internándose en el bosque. No tardó demasiado en encontrar el sendero que conducía al viejo laboratorio y comenzó a subir con rapidez montaña arriba.

jueves, 2 de septiembre de 2010
El Laboratorio Cap. 5
La luz de la luna resbalaba tenuemente sobre las paredes completamente lisas del gigantesco edificio causando un insólito y siniestro contraste de luces y sombras. Erguida por manos desconocidas y ubicada en medio de ninguna parte, aquella, por lo menos singular construcción parecía albergar terribles deseos para todo aquel que osase adentrarse en su interior. Dora se quedó allí plantada completamente pasmada delante del edificio. Debatiéndose entre el miedo que sentía y la admiración que a la vez suscitaba en ella aquel lugar olvidado de la mano de Dios. Estuvo un buen rato observándolo Intentando estudiar su desusada forma y el carácter complejo y a la vez simplista que sus constructores imprimieron sobre sus paredes. El edificio tenía forma de pirámide escalonada y constaba de tres pisos. El primero era el más ancho de los tres y suponía una perfecta base sobre el que descansaba un segundo piso mucho más alto y estrecho que el anterior. Este último enfilaba hacia un tercero que se erguía apuntado y desafiante. Algo verdaderamente extraño llamó la atención en Dora. Que se acercó con lentitud posando su mano sobre la pared y acariciándola suavemente. Esta parecía lisa vista desde lejos, pero sus constructores habían esculpido sobre ella un universo cíclico e ininteligible de extraños signos que poblaban las paredes repitiéndose constantemente como si formasen un inmenso postulado o una amenaza escondida bajo un arcano idioma ancestral.
Dora rodeó el edificio intentando buscar una puerta o algo similar por donde poder entrar pero para su sorpresa constató que aquel lugar carecía de entrada o al menos esta no era visible. Las cosas se torcían cada vez más y a nuestra amiga se le acababan las opciones y la imaginación. Su ánimo Alcanzaba ahora una tesitura inquietante y la desesperación se volvía insoportable. La joven avanzó unos pasos en dirección al bosque y se sentó sobre una piedra. Entonces la tensión del momento pudo con ella y rompió a llorar. Su triste llanto se mezclaba con el lejano y plañidero aullido de los lobos que sorprendentemente se interrumpió de pronto. Poco tardó en darse cuenta que no habían sido sus lloros lo que había acallado a los feroces animales si no más bien un extraño sonido que retumbaba a lo lejos. Dora dejó de llorar, agudizó momentáneamente su oído y avanzando unos pasos salió nuevamente al camino, observando para su sorpresa que aquel creciente ronroneo provenía ni más ni menos que de un viejo camión que avanzaba a lo lejos montaña arriba. La joven corrió a esconderse tras unos matorrales ya que el vehículo no tardaría mucho en llegar. El frío había entumecido sus músculos y hacía que sus movimientos fuesen torpes y lentos pero aún así logró guarecerse del peligro con cierta audacia y aguardó expectante y algo asustada.
El camión no tardó mucho en llegar pasando justo delante de donde Dora estaba escondida, deteniéndose después delante del Edificio. Transcurrieron unos segundos tan sólo antes de que la inmensa pared posterior del laboratorio comenzase a ascender haciendo un ruido ensordecedor. El gigantesco bloque de piedra se abrió lo suficiente para que el destartalado camión penetrase a través del hueco que había dejado. Dora no vaciló un momento, esta era su oportunidad y la aprovecharía. Avanzó rápidamente en dirección a la parte trasera del camión cubierta tan sólo por una lona gastada y hecha jirones y efectuando un ágil salto, trepó a la parte trasera el mismo con la audacia y la valentía inconscientes de alguien que poco tiene que perder. Una vez en su interior, la joven observó que el vehículo estaba lleno de cajas de madera sin ningún letrero ni inscripción que detallase su contenido o su procedencia. Una incógnita más para una noche en la que el misterio ya se había convertido en una constante y el peligro acechaba en cada esquina. Qué contendrían aquellas misteriosas cajas pensó Dora mientras se agazapaba tras una de ellas para evitar ser descubierta en caso de que alguien destapase la lona. Transcurrieron unos segundos tras los cuales el camión arrancó internándose lentamente en aquel lugar. El vehículo avanzó tan sólo unos metros antes de detenerse completamente. Dora, en su interior temía que poco después tuviese lugar la descarga del camión y entonces la descubrieran por lo que salió rápidamente y se ocultó tras un montón de cajas de madera que se apilaban desordenadamente a un lado del destartalado vehículo. El motor se apagó al fin y dos individuos salieron de su interior.
jueves, 3 de junio de 2010
El Laboratorio Cap. 6

